Paso 3 — Dirección
Todavía No Inventan el Filtro Para la Plática
Le arreglaron la cara a todo el mundo. Nadie se acordó de arreglar lo que sale de la boca.
Le arreglaron la cara a todo el mundo. Nadie se acordó de arreglar lo que sale de la boca.
Tan chulas que se ven con sus filtros de brillitos y chapetes. Nomás falta que saquen el filtro para embellecer las pendejadas que publican y ahí sí terminan de pegar el gatazo, al menos en redes.
Porque cuando las ves en persona es otro pedo. Como gallinas despescuezadas, la mirada clavada en el celular que traen a la altura del ombligo, el culo metido, la boca entreabierta, y hasta se les alcanza a ver la gotita de baba escurriendo de lo embotadas que están.
Y lo mismo con mis compas, no vayas a creer. Ahí están haciendo bíceps mientras ven el partido en el teléfono, contando las repeticiones con media neurona. O no te pueden voltear a ver a los ojos porque tienen que estar viendo las historias ajenas, la bolsa, el marcador, quién sabe qué chingados.
Nadie está donde está.
Y ya sé que sueno mamón
Ahorita me quisiste mandar a volar, ya sé. Aguántame tantito porque no es lo que parece.
Yo no ando juzgando a nadie por traer el celular en la mano. Yo también lo traigo. Estoy escribiendo esto con el teléfono boca abajo a un lado porque si no, no acabo.
Lo mío es otra cosa, y me pasó tantas veces que ya no lo puedo desver.
Va así: me gusta alguien. Nomás por cómo se ve, así de superficial, así de pendejo. La ves cruzar y algo se prende. No sabes su nombre, no sabes de dónde es, no sabes nada, y ya te cayó bien.
Y luego se acerca. Y abre la boca.
Y te dice: "como el meme que dice..."
Y se acabó. Ahí mismo, en esa frase. No a los diez minutos, no en la segunda cita. Ahí.
Y no es que haya dejado de estar guapa. Es que ya la oíste.
No hay filtro para la plática
Y ahí está lo que me tiene pensando.
Nunca en la historia la gente se había visto tan bien. Se le metió una cantidad de ingenio verdaderamente impresionante a arreglar el envase. La piel, la mandíbula, la cintura, la luz, los ojos más grandes, el rubor que no existe. Fotos que ni ellas reconocen cuando se ven al espejo en la mañana.
Y a nadie se le ocurrió que lo de adentro también hacía falta.
Porque resulta que el envase sí se puede filtrar. El contenido no.
No hay app. No hay preset. No hay filtro que agarre a alguien que no ha leído nada, no ha pensado nada, no ha atravesado nada, y lo haga sonar interesante veinte minutos seguidos. Se cae solito. Y se cae rápido.
O sea que la plática se volvió, sin que nadie lo planeara, lo último que todavía no se puede fingir.
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